jueves, enero 31, 2008

Nivelungos

A los parroquianos
A los medios de comunicación
A las autoridades de la UNAM
Al Gobierno de la Ciudad de México.
A la opinión pública

1. El pasado 2 de enero dejó de existir El nivel, la mítica cantina que ostentaba la licencia número uno en la ciudad de México. Desapareció en el aire por obra y gracia del espíritu privatizador que recorre el Centro Histórico convertido hoy día en Slim center.

2. Ante tal atentado al patrimonio cultural tangible e intangible de la ciudad, los nivelungos (parroquianos del Nivel) demandamos la reapertura de la cantina para tomarnos la del “estribo” o “la de la casa”, pero sobre todo para recuperar la obra plástica, los testimonios (fotográficos, entrevistas, crónicas, caricaturas, recuerdos, humores, memorias, objetos) con los cuales se había venido creando un museo vivo. Demandar la reapertura no sólo significa tomarse la de la casa, sino recuperar el legado cultural popular urbano creado en más de cien años por artistas, paseantes, poetas, cineastas, arqueólogos, trabajadores de oficio, estudiantes, investigadores urbanos, académicos, personajes populares y gente del pueblo en general.



3. La clausura todavía es más ominosa porque ha sido resultado de una política de “limpieza social” realizada por un gobierno de “izquierda” que funciona más bien como un buldozer a favor de los intereses del hombre más rico del mundo y de las empresas multinacionales. Recuerden queridos lectores que el buldozer azul/amarillo primero desalojó vendedores ambulantes de las calle, después expropió vecindades y predios, más tarde expropió los edificios coloniales para propiciar la especulación inmobiliaria en la bolsa de valores. El zócalo se ha convertido en una feria para beneficio de las empresas multinacionales, los operativos han desalojado artistas urbano callejeros, la “autoridad” del centro histórico pulveriza edificios catalogados como patrimonio de la humanidad bajo el pretexto de que “son sólo piedras”.

4. Hoy el susodicho buldozer no sólo ha llegado al nivel y así desalojar a los parroquianos nivelungos, quienes además tienen que soportar apagones, racionamiento de agua, el aumento al impuesto predial y otros servicios urbanos para pagar las obras públicas que solo benefician a las empresas y al hombre más rico del mundo.

5. En santa alianza con el gobierno de la ciudad, la UNAM ha traicionado sus principios básicos de autonomía; obligar el cierre de la cantina El nivel significa haber declinado sus principios de autonomía en favor de la libre empresa; ha degradado los objetivos de la preservación y difusión de la cultura al contribuir a la desaparición del patrimonio tangible e intangible de la ciudad. Incluso, nos parece de una actitud incongruente que los miembros del Centro de Estudios sobre la Ciudad (UNAM), que está al lado del Nivel, no emitan opinión alguna al respecto.

6. En suma, demandamos la reapertura de la Cantina El Nivel porque este es un espacio significativo para la pervivencia de la cultura popular urbana y porque es un patrimonio tangible e intangible que ha sido sostenido por los miles de asiduos visitantes de todas las clases sociales. Nos oponemos que en ese lugar se instale una aburrida oficina burocrática de la UNAM o un negocio elitista tipo La opera. De ser así estaremos comprobando una vez más como todo lo sólido desaparece por obra y gracia del buldozer azul-amarillo.

7. Desde la barra del Nuevo León, atentamente,

Los Nivelungos
Centro Histórico de la ciudad de México, enero 29 de 2008