Por: Benjamín Gutiérrez Díaz*
Si de mí hubiera dependido no nacer, indudablemente no habría
aceptado la existencia en condiciones tan irrisorias.
Dostoievski, El idiota.
Desde hace más de un siglo el capitalismo esta desgarrado en una crisis cultural profunda, que sin embargó le ha permitido a los agentes y promotores del capital asegurarse un papel trascendental en la gestión y reproducción de la sociedad establecida. Esto no fuera posible sin la concupiscencia inconsciente de las masas y por supuesto de la sociedad en su conjunto, el presente ensayo pretende acercarnos a las problemáticas sociales y semánticas de lo que yo denomino la cultura de la miseria, es decir la sociedad de la ilusión miserable.
No veo un bien en la soberanía de muchos; uno solo sea amo, uno solo sea rey. Ulises.
La Odisea. Homero.[1]
El hombre es el animal servil por excelencia, así como también es el único ser que vive añorando una libertad que se desvanece en la bruma de su deseo.[2]
Si esto fuese verdad como lo plantea Hume, la sociedad que nos ha tocado vivir, es en realidad una fabrica de deseos, más bien, una sociedad donde los individuos y los sujetos colectivos creen ser ciudadanos, es entonces cuando surge la pregunta ¿cómo se crea esta falsa percepción de la realidad?. Esta pregunta nos lleva indudablemente a discutir en torno a la cultura, puesto que cualquier construcción social: la familia, el estado, el trabajo, la sexualidad; etc, al ser un producto de la sociedad y por lo tanto de individuos, existirá pues una discusión en torno a la misma.
La cultura es el conjunto de significados y significaciones sociales que se construyen imaginariamente[3], todo lo que se presenta a nosotros, en el mundo social histórico, está indisolublemente tejido a lo simbólico, los actos reales, individuales o colectivos el trabajo, el consumo, la guerra, el amor, el parto-, los innumerables productos materiales sin los cuales ninguna sociedad podría vivir un instante.
O desde otro punto de vista, la cultura es entendida como un proceso (o red, malla o entramado) de significados en un acto de comunicación, objetivos y subjetivos, entre los procesos mentales que crean los significados (la cultura en el interior de la mente)y un medio ambiente o contexto significativo (el ambiente cultural exterior de la mente, que se convierte en significativo para la cultura interior). [4]
De esta manera las relaciones entre los seres humanos son relaciones intersubjetivas, es decir, entre sujetos, así que suponen la interiorización de la situación en cada uno de los que se relacionan. De la misma manera, suponen que cada uno ocupa el lugar del otro en cada una de las respuestas y acciones, es lo que se podría denominar reciprocidad. Al ser la sociedad un magma simbólico y por lo tanto un conjunto de significados, lo que ha creado la sociedad capitalista por el contrario, al ser una sociedad donde domina el capital y la propiedad privada que se auto reproduce ampliadamente, donde las relaciones cósicas predominan en ella. ¿pero que son las relaciones cósicas?.
Debemos entender que la actividad cognitiva del sujeto, en el sentido de su capacidad para descifrar el funcionamiento social, son a su vez instituidas por su actividad práctico-intelectual como organizador de su sociedad y de los nexos con otras unidades de producción, emergiendo, en estas condiciones, una conciencia de autonomía emanada de la acción auto subsistente de la unidad productiva. En el sistema precapitalista, el poder superior, aun cuando se empeña en controlar la producción, sólo adquiere una incidencia puramente epidérmica. Este hecho, que se fundamenta en la disposición de las relaciones sociales, convierte al trabajo asalariado en una propiedad cualitativa inherente del sujeto, que controla la regulación del ciclo productivo.
La subjetividad no es pasivamente contemplativa ante el proceso laboral sino dinámicamente educada en dirigir la reproducción social, de la que conoce sus mecanismos íntimos, estableciéndose una vinculación orgánica entre la actividad y el producto del trabajo. Esta forma de trabajo es radicalmente alterada con la producción mecanizada capitalista, que descompone el proceso laboral en operaciones parciales, transformándose la actividad productiva en una función especial, y con ello desaparece el producto unitario como objeto del proceso de trabajo. La racionalización del capitalismo avanza mediante una apropiación de saberes, anulando las facultades racionales del trabajador, su peculiaridad humana, como resultado del dominio del trabajo muerto (el capital) sobre el trabajo vivo, aspecto acerca del cual tuvieron pleno discernimiento los intelectuales orgánicos del movimiento obrero, empeñados en el más ambicioso emprendimiento social-gnoseológico que haya tenido en la historia cualquier sector subalterno. Con el capitalismo, los marcos culturales y la variedad de matices ideológico-políticos comienzan a jugar un papel creciente, que se contrapone a la menor variabilidad de las condiciones cognitivas del sujeto moderno[5].
Durante mucho tiempo, las ideas que embellecían el mundo ordinario perdieron el sentido ante una realidad de relaciones cósicas que degradaba la subjetividad del individuo. Entendiéndose como relaciones cósicas como el predominio de las relaciones de valor sobre las de cambio, es decir, la capacidad productiva y de consumo sobre las relaciones íntersubjetivas.[6]
La sociedad capitalista, sin embargo, es aquella en la que domina el capital, la propiedad privada que se auto reproduce ampliadamente, así que las relaciones éticas y las relaciones cósicas predominan en ella. Las relaciones éticas y las relaciones cósicas entonces se entremezclan y contraponen, median entre si para realizarse y se excluyen. Se trenzan, pero bajo el predominio de las relaciones cósicas. Sin embargo, este predominio es ocultado y no reconocido. En la época del sometimiento real del consumo bajo el capital, la moral es un objeto de consumo más, intercambiable, deshechable y artificialmente necesario, eso sí, requerido una y otra vez, pero también siempre en nuevas presentaciones: trasvalorado.
El predominio del capital y las relaciones cósicas que le son inherentes no puede concretarse sin relaciones éticas de los sujetos, esa vieja paranoia que tienen los filósofos de la ética burguesa queda relegada, la transvaloración de los valores buscada por Nietzsche, la cumple a cada paso, una y otra vez, la propia sociedad desmaderna.[7]
Antaño, se decía que en efecto, el capital es lo que predomina en la sociedad moderna, pero éste se ofrece necesariamente personificado en los capitalistas, un grupo de individuos humanos constituidos en clase especial que se apropia privadamente de la riqueza social y explota a la case trabajadora, de suerte que el predominio del capital y las relaciones cósicas no pueden concretarse sin las relaciones éticas de los capitalistas y que estos a su vez seducen a través de la mercancía al sujeto masa, pero esta simpleza teórica no considera el aspecto real de la condición del sujeto, esta condición se maximiza a través de la miseria de los hombres. ¿Qué es la miseria?.
La miseria es la estrechez, es la falta de lo necesario, entendiéndose como la escasez de significados, por lo tanto la escasez de intercambio reciproco que haga posible la vida social y por ende la subjetividad propia de los individuos. La miseria es la situación de escasez natural y de fuerzas productivas en que nace la sociedad humana y se desarrolla hasta la fecha exaltando la existencia y el logro del objeto útil como garantía de supervivencia.
La producción se polariza hacia el producto y el trabajo productivo domina sobre cualquier actividad. [8]La escasez obliga, a una cosificación básica, la perseverancia sobre todo, pero inclusive por encima de si mismo. Existe ética, pero está dominada por la regla cósica de la acumulación de capital. Esta regla involucra situaciones cambiantes y la utilización de los sujetos, sus habilidades, trabajo, pensamiento emociones y percepciones, capacidad de consumo y de gozo en acuerdo a los cambiantes requerimientos del capital. La ley de la acumulación de capital incluye su propia ley de población y la ley del desarrollo capitalista ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.[9]
Los sujetos aceptamos el predominio de la relación mercantilista de la historia no sólo porque ésta se encubre en un predominio de relaciones humanas, medio fin, a su vez favorece el despliegue de las relaciones antagónicas respecto de las morales o éticas. Si bien esto es cierto, no estoy de acuerdo con Veraza, al señalar que esto es resultado de un proceso vertical, donde la burguesía y su ética, su discurso dominante, seduzcan a la masas, al contraria esta ya no es necesaria para el capital, como productor por supuesto, sino solo como consumidor, ahí estamos de acuerdo, pero es la propia masa y por lo tanto los propios trabajadores quienes han empezado a adaptar y cosificar las relaciones sociales. La especulación inmobiliaria, el aumento constantes de las rentas en sus departamentos de interés social, el uso intensivo del crédito y por supuesto la construcción semi marginal de una economía, basada en reglas mercantiles, (ambulantaje, cajas de ahorro popular, la renta de sonidos, la organización de bailes, la fiesta patronal de algún barrio y la creación de grupos de control social como las policías privadas y las nuevas cadenas de control como las juntas vecinales, las mayordomías, etc).
La subsunción real del consumo bajo la masa.
La posibilidad de un sujeto individual la ofrece inicialmente la existencia de la sociedad de consumo capitalista, pero acaso es posible que un individuo existe por si solo. Como nos menciona Castoriadis, “no hay ser humano extrasocial, no existe ni la realidad ni la ficción coherente de un “individuo”humano como sustancia asocial extrasocial o presocial”.[10]
La construcción social del capitalismo tiene su origen en la escasez y en la construcción ética del sujeto, si esto es así, de que manera se conforma la cultura de la miseria, podremos hablar de una cultura de la miseria. Hemos abordado la conformación del capitalismo y la unión perversa entre la ética, la moral y la cosificación de los sujetos.¿Cómo surge en la sujeto - masa esta necesidad?. Indudablemente tiene que ver con la construcción del mito en la modernidad, pero sobre todo con la noción de progreso. “El progreso es el ideal de la ciencia y la filosofa basada en la objetividad, conocer y modificar los objetos, tanto que eso es lo importante: describir, analiza y sintetiza para transformar la naturaleza objetiva, así la técnica se encarga de armar una nueva naturaleza Artificial de objetos modificados”.[11]
¿Cómo se concretiza esto en la gente común? Indudablemente tiene que ver con la conformación social de la institución[12]. En otras palabras, debe haber seres humanos ya socializados y un lenguaje que no podrían producir ellos mismos como individuos, sino que reciben necesariamente de su socialización.
¿Cómo surge esta socialización?, Por supuesto que en el espacio público, el lugar donde se tejen estos entramados sociales, donde antiguamente ocupaba su lugar la familia, ahora lo ocupa el espacio, ¿cuanto tiempo pasamos en los sistemas de transporte?, ¿Cuánto tiempo pasamos en las unidades habitacionales donde vivimos?, ¿Cuánto tiempo pasamos en la calle caminando y viendo sin parar? Esos no lugares de los cuales habla Marc Auge, siempre han estado habitados, por formas de socialización, claro esta que existe una relación formal entre el sujeto, la sociedad y el espacio, en toda la historia de la humanidad esta relación significativa, entre el sujeto, el espacio y la sociedad nunca ha sido la misma y por supuesto que no se ha dado de la misma manera que en Tokio o en Nueva York.
El capitalismo contemporáneo como ha precisado Felix Guattari, es un fenómeno mundial integrador, porque ha colonizado potencialmente el conjunto del planeta y tiende a que ninguna de las actividades humanas, ningún sector de producción caiga fuera de su control.
El espacio- en este sentido ha superado el concepto de valor que le asignaban la economía clásica como categoría relativa a la circulación de los bienes y a la acumulación de los medios económicos para transformarse, entre otras en una categoría semiótica que invade los procesos de producción y el conjunto de los poderes de decisión.
Esta nueva cualidad, por lo que atañe al proyecto de la arquitectura sobre la ciudad, la vincula como un mediador iconográfico, asignándole un papel de representatividad formal, abierto a todos los estilos, formas y composiciones arquitectónicas que redunden en afirmar su categoría semiótica, en hacer posible la escena representativa del espacio arquitectónico y de su manifestación formal en su testimonio icónico. De esta manera su función reside en lo que representa de manera que lo consagrados axiomas “la forma sigue a la función” o “la forma es el colorario de la función”se han transformado en un eslogan del deseo “la forma es el símbolo que comunica”.
Esto qué tiene que ver con la construcción de la cultura de la miseria, tiene bastante que ver, puesto que el espacio es la representación del poder, de ahí, que la política urbana en la Submetrópoli[13] gestione la construcción del habitad, el habitad es la respuesta a la satisfacción espacial de las masa, es la política de control y exclusión del sujeto masa, el habitad, no debe confundirse con plantar arbolitos, sino es la construcción del equipamiento colectivo que satisfaga y de sustentabilidad a la sociedad dominante, es decir a la sociedad capitalista, la construcción de unidades habitacionales gigantes, el refinamiento de ciertas avenidas que disimule la pobreza y la marginación, la construcción y consolidación de grandes reservas territoriales disfrazadas de parques ecológicos, el habitad no es más que la política global del Imperio, para mantener los ritmos constantes del capital, a partir de la Conferencia de Vancouver en 1976, las ciudades del Tercer Mundo y sus gobiernos se han empeñado en llevarla a cabo, diseñado, gestionando, desde el escritorio la forma e vida y de socialización de la mayoría y han puesto en practica el control social dictado desde la metrópoli mundial .Es aquí donde se ha puesto en practica la lógica del capital, puesto que los sujetos que logran a través de las diversas políticas de dotación de vivienda, como INFONAVIT, AURIS o SHIF un departamento o casa de interés social, gracias a un puesto en las reducidas paraestatales o en el escaso empleo, donde crean y articulan este entramado simbólico que es la cultura de la miseria (la cultura dominante del sujeto- masa) y reestructuran sus formas de vida par convertirse en los nuevos mercantilistas de la necesidad de los menos favorecidos, quienes son esos menos favorecidos, los desempleados, los estudiantes submetropolitanos, los excluidos del cambio, como los trabajadores flexibles submetropolitanos, es decir, la gran mayoría de los que crecieron con el estado desestabilizador de los ochentas, el sujeto miserable, por así decirlo, es aquel que vive de la explotación de otro todavía más pobre que él, el jubilado, el empleado de oficina, el trabajador flexible, el obrero convertido en un agente del sindicato, los becarios de algún Diputado, el estudiante mantenido por sus padres: que renta, especula o se apropia del salario, del caído en desgracia, el especulador popular, que enajena los terrenos escasos en las nuevas colonias populares, el empresario de la precariedad que emplea a diez o veinte personas para la compra y venta de desecho industrial, etc.
Existen tres tipos de especuladores populares: el subcontratista, el gestor y el paracaidista,. El acaparador se distingue por ser parte de la comunidad en cuestión, ser un líder carismático, con cierta capacidad económica, que permanece y sirve a la industria de la construcción como contratista, la fuerza de la movilidad de su capital se centra en la construcción de vivienda de media uña, pero que singularmente construye con material de desecho, el gestor se caracteriza por ser un experto en la compra y venta de inmuebles, su fin al cabo es asegurar el mejor precio, renta ganancia. El tercero se caracteriza por invadir predios bajo la consigna del derecho a la vivienda y centra el poder y la capacidad política de los anteriores en su persona, por lo general están ligados entre si, salvo fricciones económicas políticas.
Pero como es que puede operar esta economía y esta cultura de la miseria, las sociedades capitalistas occidentales han generado en sus poblaciones un deseo permanente de acumulación, esto es permisible a través de la formación imaginaria ideológica en las instituciones ya sean los partido políticos, las religiones o la familia. La puesta en marcha del orden espectacular que ya denunciaba el maestro Debord ha llegado a su fin, puesto que ha sido superado por la imaginación de la cual las vanguardias contribuyeron en gran medida. El poder cognitivo del capital ha sabido mantener en sus fieles consumidores la idea del tiempo. El consumo no solo produce el tiempo, sino que las revoluciones en el consumo también son responsables de muchas maneras de la transformación del tiempo en mercancía. Contrariamente a la posición de Ritzer respecto a los “nuevos medios de consumo”, el salario de los trabajadores, se destina en su mayoría a la renta y ocupación de vivienda, porque la renta de la vivienda también es consumo, consumo de espacio, como nos mencionan los economistas de Harvard Edward Glaeser, Jed Kolko y Albert Saiz en su articulo “Consumer city”[14], “en nuestros días las ciudades que funcionan mejor, a nivel económico no son las que tienen un mayor nivel de producción, como los economistas han considerado tradicionalmente, sino aquellas que con el mayor nivel de consumo”. “ En tanto las empresas aumentan su movilidad, el éxito de las ciudades depende cada vez más del papel de la ciudad como centro de consumo. Empíricamente, vemos que las ciudades con mayor oferta de formas de entretenimiento y diversión crecen más que las ciudades con una oferta menor”. Un indicador de la popularidad de dichas ciudades consumistas, según Glaeser, Kolko y Saiz, es que las rentas urbanas aumentan con mayor velocidad que los ingresos urbanos. El consumo urbano asume muchas formas, junto con los tipos de consumo más obvios como ir de compras salir a comer, ir la cine o a museos, etc. Pero como opera esto en un sociedad con crisis recurrentes como la nuestra, la respuesta se encuentra en la construcción de la ilusión.
¿Qué es la ilusión?, la ilusión es la forma de percibir el espacio, es el sopor, son los ambientes diseñados con y para la mirada del consumidor, una imagen construida de la realidad que debe ser bella, pulcra y segura. De ahí, el pavor de la gente a entrar en la masa poliforme, porque ha creído ser un consumidor, cuando es en realidad parte del escenario rampante, solo hay que ver como las clases medias ideológicas acuden en masa y abarrotan las plazas o centro comerciales locales, huyen del mercado y del otro ser, del otro sujeto masa, el vendedor ambulante, el transeúnte sin destino, el desempleado, el vagabundo por obligación, el trabajador flexible, el office boy, el cargador, después de todo la cultura sólo se puede definir en su diferencia consigo misma, por esta razón, no podemos reconocer el conflicto existente sin al mismo tiempo invocar la figura del Otro. De ahí que la cultura dominante, creada y impulsada por el capital no quiera reconocerse a si misma como cultura de masas. El l tipo de ilusión que se encuentra en el centro del consumo desmaderno no es el placer de la tensión entre la fantasía y la utilidad o la tensión entre el deseo individual y las disciplinas colectivas. El tipo de placer va a encontrarse entre la fantasía y la nostalgia. Este disciplinamiento tiene su origen en el gusto perverso por lo efímero, la valorización de lo efímero se expresa en una gran variedad de niveles sociales y culturales: lo poco que duran los productos y la corta vida de los estilos de vida, la rapidez de los cambios en la moda, la velocidad con que se gastan y el uso extensivo del crédito, el uso vacío del dinero de plástico ya ha modificado la idea del circulante o de la moneda, ya no existe la idea del intercambio o de la transacción por mercancías, vivimos la sobresaturación del plástico y por ende de la mercadotecnia."El crédito se sobreentiende como un derecho del consumidor, y en el fondo como un derecho económico del ciudadano. Toda restricción a las posibilidades de crédito se entiende como una medida de represalia de parte del Estado, una supresión del crédito será vivida como una supresión de la libertad."[15]
Como nos menciona Baudrillard, una suerte de pudor se ha experimentado en el crédito, la presencia de un peligro moral, y ha colocado a la compra al contado entre las virtudes burguesas. Si en el consumo moderno, el crédito no hace sino transponer en el orden económico una situación psicológica fundamental: el constreñimiento de sucesión es el mismo y el crédito es mucho más que una institución económica, es una dimensión fundamental de nuestra sociedad, una ética nueva.
En las sociedades desmadernas, la función del crédito y del objeto se asimilan, la acumulación ascética constituida por la previsión, por el sacrificio y la solidaridad compulsiva, convertida en significaciones de alianza y compadrazgo se sitúan en el plano supra simbólico, de ahí, la constante compra, la acumulación de objetos y la saturación del espacio de convivencia, es más este desaparece ante la avalancha de mercancías u objetos presentes, ya no solo es necesario conversar a través del celular, sino también chatear e intercambiar correos y postales que simbolizan la muerte del ser creativo del cual los europeos se sorprendieron hace quinientos años, hoy simplemente nos enfrentamos al analfabetismo sentimental.
Vivimos seducidos bajo el efecto sameness: o mejor dicho la anestetica del objeto y del espacio hasta la anulación de la variabilidad histórica y del sentido circunstanciado, es decir históricamente radicado de la experiencia humana[16].
La cultura es un entramado de significados y significaciones sociales, la economía capitalista ha creado y mantenido este entramado en el cual nos desenvolvemos, la miseria es la escasez de significados, es necesaria una ética y una moral que sustente a la sociedad, que le permita entender el entramado de significaciones sociales, el capitalismo marginal que se ha creado en los últimos años es también el resultado de este entramado de significaciones que construimos y desplegamos cotidianamente, la transformación hacia una sociedad más equitativa, debe partir de la transformación de la cultura de la escasez, de la cultura de la miseria, la sociedad mexicana, ha entrado a un embudo, de la cual la única manera es estar al lado, para modificar el entramado de significados, hay que crear e imaginar sobre todo, la cosificación de la sociedad ha de perpetuarse mientras exista una limitada discusión en torno a la cultura y la sociedad.
* Pasante en sociología, videasta y colaborador de la revista GLOCAL.
NOTAS
[1] Homero. La Odisea. Grupo editorial Tomo. 2000.
[2] Hume, David. Discurso de la servidumbre voluntaria. Sexto piso editorial. México. 2003.
[3] Para Cornelius Castoriadis, el imaginario o lo imaginario "es cuando se habla de algo inventado, - ya se trate de un invento absoluto o de un deslizamiento, de un desplazamiento de sentido en el que unos símbolos ya disponibles estan investidos con otras significaciones que las uyas normales o canonicas" , en El Imaginario social y la Institución, Ed. Seul. 1983.
[4] Geertz, Clifford . . La interpretación de las culturas. Ed. Gedisa. 1987
[5] Meiksins Wood, E. Entre las fisuras teóricas: E. P. Thompson y el debate sobre la base y la superestructura. en Historia Social. 1994.
[6] La producción es también inmediatamente consumo. Doble consumo, subjetivo y objetivo: el individuo que al producir desarrolla sus capacidades, las gasta también, las consumo en el acto de la producción, exactamente como la reproducción natural es un consumo de fuerzas vitales. En segundo lugar: consumo de los medios de producción que se emplean y se usan, y que se disuelven en parte en los elementos generales. Consumo, igualmente, de la materia prima que no conserva su forma ni su constitución natural, sino que más aun se consume. Por lo tanto, el acto mismo de producción es también en todos sus momentos un acto de consumo. Marx, Karl. (1977). Elementos fundamentales para la critica de la economia política, 1857- 1858. Ed. Siglo XXI. México. 1977.
[7] Gaytán Santiago, Pablo. Desmadernos: Crónica suburpunk de algunos movimientos culturales en la submetropoli defeña. UAEM. México. 2000.
[8] Veraza, Jorge. Para la historia emocional del siglo XX. Ed. Itaca. México.2003.
[9] Marx, Karl. El capital, tomo III, capitulo XV, Ed. siglo XXI. México. 1977.
[10] Cornelius, Castoriadis. Iniciativa Socialista. No. 38.1996.
[11] DJ Milhouse . Fanzine Sabotaje. 2002.
[12] No podemos concebir un individuo son lenguaje, por ejemplo, y no existe lenguaje más que como creación e institución social. Esta creación y esta institución no pueden ser vistas, a menos de caer en el rídicul, como resultado de una cooperación consciente de “individuos”, ni tampoco de una suma de redes “íntersubjetivas: para que haya intersubjetividad es necesario que haya sujetos humanos y la posibilidad que se comuniquen, en El Imaginario social y la Institución. Ed. Seoul. 1983
[13] Gaytán Santiago, Pablo. Apartheid social en la ciudad de la esperanza cero. InterNeta / Glocal. 2003. 65.
[14] Ibelings, Hans. Supermodernismo a principios del siglo XXI. Arquine. No. 27.2004.
[15] Baudrillard, Jean. (1997). El sistema de los objetos. Ed. siglo XXI. 15ª ed. México.
[16] Ferrarotti, Franco. La historia y lo cotidiano. Ed. Península. Barcelona. 1991.14.
Quiénes somos? El Colectivo Ojo del Deseo es un proyecto que le juega a lo" posible", con el fin de cartografiar las líneas constituyentes de una vida autónoma. La construcción teórica y práctica de la caja de herramientas con palabras propias, sin complacencias, sin concesiones con la republica de las letras, sin lealtad alguna a los usurpadores del saber
miércoles, agosto 17, 2005
La industria del deseo.

Sandra Rodriguez Olvera*
videasta
meka_26@hotmail.com*
La mesa, la mesa que más aplaude
Le mando la niña, le mando la niña, za, za, za, za
Y acuza y acuza...
(Climax) Balboa Records.
I. Tiempos y movimientos.
Él se descubre detrás de esa silueta afeminada, un sudor ralo corre por su cuerpo, como si siguiera trabajando en esa maquiladora de ropa ubicada en la periferia de la ciudad de Toluca, el sol penetra por la sabana rota de su pequeño cuarto, iluminando un viejo poster de Talía, el calor del sol desencadena aromas de cuerpos sudorosos entremezclados con el humo de cigarrillos, de fruta pudriéndose, de comida de un día anterior, de claveles y veladoras.
La noche reclama pronto su cuerpo, cuando ve descubierto en falsas realidades su ilusión. Lavar, rasurar, tallar, enjuagar un cuerpo, dos, o tres veces más, para olvidar vejaciones o dolores bajo el abdomen, sale del baño, con el torso cubierto por una toalla desgastada y manchada por maquillaje, envolviendo su rubia cabellera (quemada por el decolorante que se colocó el día anterior) en una tela color rosa para retirar el agua que escurre por sus afilados hombros. Al entrar al cuarto; Bibi, Cristal y Karina se ven envueltas en un zafarrancho, abriendo y cerrando cajones, disputándose el turno del rimel, buscando de bajo de la cama alguna media servible, entre confeti de faldas, tops, botas, rubores, rizos, lápices labiales y risas entrecortadas se escuchan las voces de los protagonistas de Bajo la misma piel, telenovela del momento.
Sacar, untar, polvorear, rasurar, esparcir, delinear, un brazo en movimiento, unos pechos alterados y maquillados para convertirse en unas voluptuosas tetas, dos piernas trabajando, pensando la mejor pose para atraer al cliente, es como un enginerig en proceso; tu allá, yo acá; no te vayas con cualquiera, le dice imperativamente Karina a la más pequeña de todas, Vanesa. Aquí esta mejor, ayer no me agarraron, a mí si y luego la Vanesa que no pudo ni siquiera correr ¡hay pobrecita!, dos, tres, cuatro, repasadas al papel de dama y adiós masculinidad. Son casi las diez de la noche y se dispone a salir con sus compañeras de trabajo, se da el último toque a su joven rostro, una, dos, tres veces delinea sus labios de color rojo, rocía sobre su cuerpo una fragancia que le hace estornudar. Y todo el tiempo son piernas, culos, medias, minifaldas, el cuerpo desnudo ataviado con algo que lo hace ver más desnudo, al igual que sus amigas se posa frente a su fe, protección y luz, la santa muerte, prende una veladora, hacen una pequeña oración, se persignan y finalmente salen.
En la esquina de la calle un olvidado poste destella luz al igual que una luciérnaga, se complica el caminar, el lodo y polvo de los autos estropean sus ropas; sin embargo, caminan apresuradamente luchando con los tacones como aquel empleado que a pesar del tráfico matutino hace todo lo imposible por llegar temprano para conservar su estimulo de puntualidad; disciplina, responsabilidad e imagen son las claves para mantenerse en el trabajo. Preguntan la hora a un transeúnte, aceleran su paso, finalmente llegan a la avenida. Inmediatamente un taxista se detiene, intercambian un par de palabras para acordar una negociación, suben.
Hay en los cuerpos en fila una nausea imprecisa, yo veo un baile donde todos circulan, son más de las diez de la noche y en la periferia comienza otra jornada de trabajo, obreros entran y salen de las fábricas, algunos se dirigen a sus hogares, otros a algún espacio de divertimento, otros solo caminan bajo la luz de la noche, carnaval de eternos viajeros. Algunos traileros aprovechan su paso para cargar gasolina, otros toman un refrigerio en el súper de veinticuatro horas. Al mismo tiempo circulan coches y camiones de carga; a lo lejos se escucha el silbar del tren, el próximo aterrizaje de un avión, la fuga de gases de las fábricas cercanas, el zumbido de los postes de luz y por si fuera poco el cantar de los grillos.
En la esquina de la gasolinera se detiene un taxi; con una estimulante coquetería, se observa bajar un delgado pie cubierto por una zapatilla negra que evidencia el trabajo de su portadora, no por el color ni la calidad del calzado, si no por que su tacón de aguja pareciera una roseta de maíz a punto de estallar, inmediatamente la portadora de este zapato desgastado se hace aparecer y con ella otros cuerpos llenos de luz, que ponen al descubierto su piel color barro. La más joven Vanesa se incorpora con plena naturalidad a su espacio de trabajo, lo que provoca una reacción inmediata en sus demandantes, sus clientes.
El primero de la noche aparece en un coche deportivo, ella se acerca e intercambian algunas palabras,
- ¡hola primor!
-Que te trae por aquí, ¿quieres algo rico? Conmigo, oral $200 y completo $400, si a otro hotel $600, y no ¡no! puedo ir a tu casa.
El cliente parece no estar convencido y ella se retira, el segundo de la noche llega en una van de carga color blanco, ella se acerca, llegan a un acuerdo y se va con él, pasan quince minutos y no sabemos de ella, mientras tanto sus demás compañeras tratan de llegar a un acuerdo con los demás clientes. Es más de la media noche, en tanto, Vanesa y sus compañeras continúan subiendo y bajando de los coches, trabajan como si tuvieran que mantener un cierto nivel de clientes para obtener un plus en su jornada de trabajo o de lo contrario tendrán que trabajar horas extras en algún lugar de la ciudad, para obtener más dinero o mayor placer. Después de todo, sólo es tiempo y movimiento.
Sacar, untar, polvorear, rasurar, esparcir, delinear, un brazo en movimiento, unos pechos alterados y maquillados para convertirse en unas voluptuosas tetas, dos piernas trabajando, pensando la mejor pose para atraer al cliente, es como un enginerig en proceso; tu allá, yo acá; no te vayas con cualquiera, le dice imperativamente Karina a la más pequeña de todas, Vanesa. Aquí esta mejor, ayer no me agarraron, a mí si y luego la Vanesa que no pudo ni siquiera correr ¡hay pobrecita!, dos, tres, cuatro, repasadas al papel de dama y adiós masculinidad. Son casi las diez de la noche y se dispone a salir con sus compañeras de trabajo, se da el último toque a su joven rostro, una, dos, tres veces delinea sus labios de color rojo, rocía sobre su cuerpo una fragancia que le hace estornudar. Y todo el tiempo son piernas, culos, medias, minifaldas, el cuerpo desnudo ataviado con algo que lo hace ver más desnudo, al igual que sus amigas se posa frente a su fe, protección y luz, la santa muerte, prende una veladora, hacen una pequeña oración, se persignan y finalmente salen.
En la esquina de la calle un olvidado poste destella luz al igual que una luciérnaga, se complica el caminar, el lodo y polvo de los autos estropean sus ropas; sin embargo, caminan apresuradamente luchando con los tacones como aquel empleado que a pesar del tráfico matutino hace todo lo imposible por llegar temprano para conservar su estimulo de puntualidad; disciplina, responsabilidad e imagen son las claves para mantenerse en el trabajo. Preguntan la hora a un transeúnte, aceleran su paso, finalmente llegan a la avenida. Inmediatamente un taxista se detiene, intercambian un par de palabras para acordar una negociación, suben.
Hay en los cuerpos en fila una nausea imprecisa, yo veo un baile donde todos circulan, son más de las diez de la noche y en la periferia comienza otra jornada de trabajo, obreros entran y salen de las fábricas, algunos se dirigen a sus hogares, otros a algún espacio de divertimento, otros solo caminan bajo la luz de la noche, carnaval de eternos viajeros. Algunos traileros aprovechan su paso para cargar gasolina, otros toman un refrigerio en el súper de veinticuatro horas. Al mismo tiempo circulan coches y camiones de carga; a lo lejos se escucha el silbar del tren, el próximo aterrizaje de un avión, la fuga de gases de las fábricas cercanas, el zumbido de los postes de luz y por si fuera poco el cantar de los grillos.
En la esquina de la gasolinera se detiene un taxi; con una estimulante coquetería, se observa bajar un delgado pie cubierto por una zapatilla negra que evidencia el trabajo de su portadora, no por el color ni la calidad del calzado, si no por que su tacón de aguja pareciera una roseta de maíz a punto de estallar, inmediatamente la portadora de este zapato desgastado se hace aparecer y con ella otros cuerpos llenos de luz, que ponen al descubierto su piel color barro. La más joven Vanesa se incorpora con plena naturalidad a su espacio de trabajo, lo que provoca una reacción inmediata en sus demandantes, sus clientes.
El primero de la noche aparece en un coche deportivo, ella se acerca e intercambian algunas palabras,
- ¡hola primor!
-Que te trae por aquí, ¿quieres algo rico? Conmigo, oral $200 y completo $400, si a otro hotel $600, y no ¡no! puedo ir a tu casa.
El cliente parece no estar convencido y ella se retira, el segundo de la noche llega en una van de carga color blanco, ella se acerca, llegan a un acuerdo y se va con él, pasan quince minutos y no sabemos de ella, mientras tanto sus demás compañeras tratan de llegar a un acuerdo con los demás clientes. Es más de la media noche, en tanto, Vanesa y sus compañeras continúan subiendo y bajando de los coches, trabajan como si tuvieran que mantener un cierto nivel de clientes para obtener un plus en su jornada de trabajo o de lo contrario tendrán que trabajar horas extras en algún lugar de la ciudad, para obtener más dinero o mayor placer. Después de todo, sólo es tiempo y movimiento.
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